La Convenció dels drets de les persones amb “discapacitat” (en endavant, diversitat funcional), que és el primer tractat internacional de drets humans del segle XXI, aprofundeix en el procés d'explicitar i dotar de significació per a les persones amb diversitat funcional els drets reconeguts a la Declaració universal dels drets humans. Forma part del cos jurídic espanyol des del 3 de maig de 2008 i té com a objectiu garantir a les persones amb diversitat funcional l’exercici efectiu de tots els drets humans i el respecte a la seva dignitat inherent. En particular, reconeix explícitament el dret a la vida independent i obliga els Estats a proporcionar l’assistència personal necessària per a fer vida en comunitat, amb plena participació social i en igualtat d’oportunitats amb la resta de la ciutadania.
Cal entendre que viure en una institució no és “viure en un cert tipus d’edifici”, sinó “viure segons les regles, valors i prioritats establerts per altres”, i això es dona tant als centres residencials com vivint en reclusió a l’àmbit familiar. Viure en institucions impedeix l’exercici dels drets humans i de les llibertats fonamentals en igualtat de condicions amb la resta de la ciutadania. Concretament, viure en institucions per raó de diversitat funcional vulnera els articles 3, 5, 12, 13, 16, 17, 18, 20, 21, 22, 23, 24, 25, 26, 27, 28, 29 i 30 de la Declaració universal dels drets humans.
En paraules del Comissari de drets humans del Consell d’Europa, Thomas Hammarberg, “La clausura de les institucions no és un objectiu en sí mateix, però és un mètode per assegurar la independència i la inclusió de les persones amb diversitat funcional”. En tant que no hi hagi una prohibició explícita de la institucionalització, caldrà garantir la llibertat real de triar entre els recursos institucionalitzadors i els suports per a una vida independent. No es pot considerar que algú ingressa lliurament en una institució quan l’Administració assumeix un cost de 3.100 €/mes en la plaça residencial si la persona accepta ser institucionalitzada i només 1.300 €/mes per a assistència personal si vol fer vida independent.
Tal i com constata la Declaració del Parlament de Catalunya amb motiu del 60è aniversari de la Declaració universal dels drets humans, “Tots els drets humans són universals, indivisibles i interdependents, i cap no té prioritat sobre cap altre”. Bona mostra d’aquesta interdependència és el fet que la manca de llibertat i el dèficit de ciutadania que afecten les persones amb diversitat funcional s’ha transmès històricament a les dones del seu àmbit familiar i a les persones que hi treballen fent atenció professional. Garantir l’exercici efectiu del drets humans a les persones amb diversitat funcional revertirà en una societat més justa i més lliure per a tothom. L’única manera de preservar allò que ens fa iguals –la dignitat- és assumint, valorant i potenciant allò que ens fa únics i diferents: la diversitat.
És per tot això que manifestem que cal:
- Aturar la construcció de més institucions que segreguen les persones amb diversitat funcional
- Desenvolupar la Llei de serveis socials prioritzant la promoció de l'autonomia personal, tal i com estableix la seva disposició addicional primera.
- Possibilitar que els Plans individuals d'atenció s'adaptin a cada persona proporcionant hores suficients d'assistència personal per poder fer vida independent i no dependre de la família.
- Millorar la Cartera de serveis socials reconeixent com a drets subjectius l'assistència tecnològica, la supressió de barreres i l'adaptació de l'entorn.
miércoles, 9 de diciembre de 2009
viernes, 30 de octubre de 2009
La follonera
A Míriam le encantaban las sorpresas, tenía un fino sentido del humor y destilaba ironía por toneladas. Así que, después de todo, no debería haberme pillado tan desprevenido que se marchase así, de improviso y dejando sobre el tapete la irresoluble paradoja de hacerme sentir una tristeza abrumadora cuando he tenido la inmensa suerte de compartir un trecho de nuestros caminos en la vida, con no pocas curvas pero poblado de risas, sueños a medio cumplir y complicidades varias. No te rías puñetera, no tiene tanta gracia como crees, como sea verdad eso del más allá ya te pillaré, ya...
Imagino que la muerte es una realidad difícil de afrontar para cualquiera, pero los ateos practicantes tendemos a autocompadecernos pensando que para nosotros resulta especialmente dura en comparación a quienes tienen la fortuna de creer en vidas ulteriores, reencarnaciones, paraísos eternos y opios similares. Incluso quienes momentáneamente, embargados por el dolor y la rabia, abdican de su fe en la bondad de entes sobrenaturales y todopoderosos se encuentran en mejor situación que nosotros, porque si hay algo más insoportable que la crueldad de un plan cósmico incomprensible es la indeferencia del caos áspero y ciego a merced del cual nos sentimos zarandeados los ateos recalcitrantes.
Es por eso que me sé especialmente afortunado de haber compartido con Míriam un tiempo de nuestras vidas, porque los momentos en que la ternura de un gesto, la calidez de una palabra, la chispa de una sonrisa o el temblor reconfortante de sentirnos cómplices en el fragor de la batalla son fuentes de paz y alegría que brotarán por siempre por seco e inclemente que pueda mostrarse este desierto de devastaciones que puede llegar a ser, a veces, la vida. Esto me ha regalado Míriam, un sentido de la trascendencia que no tiene que ver con actos de fe, sino con la presencia real, cotidiana, cuasi física, de lazos indisolubles que nos sujetan a la celebración y al goce de la vida.
Su fina inteligencia le hizo consciente de la obscena sutileza de la discriminación, su tenacidad inquebrantable la convirtió en una luchadora inasequible al desaliento, su energía desbordante encontró expresión en ese personaje entrañable que fuimos construyendo para referirnos a ella con cariño y admiración: la follonera. Ella se defendía, medio muerta de risa, diciendo que de toda esa fama de insurgente incendiaria y megafonera que hablaba hasta por los codos no había de cierto “ni la cuarta parte”...y así tituló su blog, en el que nos contó sus andanzas por tierras escandinavas, recientemente publicadas en forma de artículo en el último número de la revista “Sobre ruedas”. Ese también es parte de su legado, la lucidez con que expresó sus ideas en artículos como el ya mencionado o cartas como la que publicó en La Vanguardia sobre la visita del insigne Stephen Hawking a sus amadas tierras gallegas.
Al final te has salido con la tuya, en la próxima mani cantaré...pero ya no será con el megáfono, sino con el miriáfono. Te quiero, follonera.
Imagino que la muerte es una realidad difícil de afrontar para cualquiera, pero los ateos practicantes tendemos a autocompadecernos pensando que para nosotros resulta especialmente dura en comparación a quienes tienen la fortuna de creer en vidas ulteriores, reencarnaciones, paraísos eternos y opios similares. Incluso quienes momentáneamente, embargados por el dolor y la rabia, abdican de su fe en la bondad de entes sobrenaturales y todopoderosos se encuentran en mejor situación que nosotros, porque si hay algo más insoportable que la crueldad de un plan cósmico incomprensible es la indeferencia del caos áspero y ciego a merced del cual nos sentimos zarandeados los ateos recalcitrantes.
Es por eso que me sé especialmente afortunado de haber compartido con Míriam un tiempo de nuestras vidas, porque los momentos en que la ternura de un gesto, la calidez de una palabra, la chispa de una sonrisa o el temblor reconfortante de sentirnos cómplices en el fragor de la batalla son fuentes de paz y alegría que brotarán por siempre por seco e inclemente que pueda mostrarse este desierto de devastaciones que puede llegar a ser, a veces, la vida. Esto me ha regalado Míriam, un sentido de la trascendencia que no tiene que ver con actos de fe, sino con la presencia real, cotidiana, cuasi física, de lazos indisolubles que nos sujetan a la celebración y al goce de la vida.
Su fina inteligencia le hizo consciente de la obscena sutileza de la discriminación, su tenacidad inquebrantable la convirtió en una luchadora inasequible al desaliento, su energía desbordante encontró expresión en ese personaje entrañable que fuimos construyendo para referirnos a ella con cariño y admiración: la follonera. Ella se defendía, medio muerta de risa, diciendo que de toda esa fama de insurgente incendiaria y megafonera que hablaba hasta por los codos no había de cierto “ni la cuarta parte”...y así tituló su blog, en el que nos contó sus andanzas por tierras escandinavas, recientemente publicadas en forma de artículo en el último número de la revista “Sobre ruedas”. Ese también es parte de su legado, la lucidez con que expresó sus ideas en artículos como el ya mencionado o cartas como la que publicó en La Vanguardia sobre la visita del insigne Stephen Hawking a sus amadas tierras gallegas.
Al final te has salido con la tuya, en la próxima mani cantaré...pero ya no será con el megáfono, sino con el miriáfono. Te quiero, follonera.
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